Hay muchas formas de encontrar música en la Web. Algunos compran canciones en tiendas online; otros las bajan de redes de P2P; se pueden encontrar de manera legal en sitios donde las bandas regalan sus canciones; o se pueden explorar en páginas Web y en comunidades sociales. Pero lo que queda claro, a esta altura, es que las restricciones relacionadas con el tema de los derechos de autor les importan muy poco a los consumidores finales. Cuando la industria discográfica no tenía ninguna estrategia sobre Internet, y más bien todo lo que quería era conservar el modelo tradicional de distribución de discos, llegó Napster, allá por 1999, y comenzó un proceso de transformación del mercado de la música de enormes consecuencias.
Muxtape era uno de esos pequeños sitios en Internet, que parten ante todo de una buena idea. Con la intención de recuperar la tradición de aquellos compilados que armábamos en cassettes, el sitio te permitía subir hasta 14 canciones a tu cuenta. Para escucharlas, simplemente debías abrir la página, y gracias al uso de Adobe Flash, hacer clic en play. La idea prendió rápido, a pesar de las evidentes limitaciones de la interfaz de Muxtape. Por ejemplo, no había manera de hacer búsqueda de canciones o artistas. Pero cumplía bien la función básica: compilaciones personales alrededor de ciertos temas, bandas, épocas o arbitrarias elecciones personales. Hasta que llegó la RIAA, la organización que representa a las discográficas, y vía la amenaza de demanda, llevó al cierre del sitio.
Hay lecciones que las discográficas siguen sin aprender. Al cierre de Muxtape le siguió, rápidamente, el lanzamiento de Opentape, que te permite instalar en tu propio servidor un sitio con las mismas funcionalidades que Muxtape. Además, otros emprendimientos, como 8Tracks, tomaron la posta.
Me interesa destacar un punto central: la inutilidad de las luchas emprendidas por algunos actores del mercado, como las discográficas. Muxtape era, dentro de que se puede encontrar hoy en la Red, casi una blanca palomita. Los usuarios podían subir canciones, pero no podían bajarlas desde ese sitio. Tan sólo escucharlas. A pesar de que ese tipo de iniciativas podía ser interesante para los lanzamientos de nuevos discos y el marketing en Internet, prefirieron terminar con Muxtape.
Los resultados están a la vista: la aparición de la posibilidad de crear múltiples Muxtapes vía Opentape, y encima de manera descentralizada y en múltiples países. ¿Cómo piensan combatir el surgimientos de algunos miles de clones de Muxtape? Hasta las discográficas estadounidenses deben pensar dos veces en los costos de tales iniciativas legales.
La imagen que abre la entrada fue tomada por holden caulfield. y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.
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